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 Génesis de una afición

Alfonso Ruiz Pastor lleva jubilado ocho años y en ese tiempo ha descubierto y
dominado una afición que ahora ocupa gran parte de su tiempo: La
construcción de maquetas



Cualquiera de nosotros podría acercarse a una tienda especializada en
maquetas y comprar el modelo que desea construir, desde un galeón del siglo
XVII, hasta una moderna nave espacial, pasando por cualquier monumento
artístico o arquitectónico.

Alfonso Ruiz Pastor, empleado de Telefónica retirado, es bastante más
meticuloso. Elige un monumento de nuestra geografía hispana, y lo visita
acompañado de su inseparable esposa, Aida.










Tras efectuar las mediciones pertinentes sobre el terreno, elabora sus propios
planos, compra su propio material de construcción, por lo general madera de
conglomerado, tira de segueta, e inicia un trabajo que le ocupará meses,
quizás años.


Todo este proceso lo complementa con diversa documentación, como
fotografías o libros de arte, y en ocasiones los planos cedidos por diversas
entidades, y por supuesto, con esporádicas visitas al monumento seleccionado
para perfeccionar los
detalles.











Dicho así parece simple, pero mirad lo que ha construido a lo largo de los cinco
últimos años.

Por los Caminos del Cid

Todo comenzó en 1996, cuando Alfonso y su señora regresaban de Zaragoza,
de los baños de Jaraba, e hicieron un alto en el Monasterio Cisterciense de
Santa María de Huerta.







En el receptorio de conversos de dicho monasterio, Alfonso observó una
maqueta del edificio. Había sido elaborada por un carpintero jubilado de Arcos
de Jalón. Hablando sobre el trabajo, el monje guía de la visita bromeó: -

¿Usted cree que lo haría mejor? -


Alfonso contestó que nunca lo había hecho, pero que podría intentar mejorarlo.
Había aceptado un reto que llenaría sus próximos años.



Tras su regreso a Madrid, profundizó en la materia, e
hizo un par de maquetas de prueba. -Lo que son dos
maquetas para edificación, simples exteriores que sirven
para sacar fotos.- Comenta él.



                                       Después construyó una réplica de la Giralda de           
                                        Sevilla. Por aquel entonces hubo una exposición de    
                                        maquetas en el centro comercial de Arturo Soria. El     
                                        tema de la muestra era el Camino de Santiago. -Al      
                                        ver aquellas maquetas me ilusioné. La catedral de       
                                         Santiago se abría por el centro y se podría ver la        
                                         iglesia.-


Así es como a Alfonso se le ocurrió crear una exposición a la que llamar "Por
los Caminos del Cid". Nuestro artista se replanteó la situación y comenzó a
desmontar lo que ya tenía hecho. Ahora, su objetivo era reconstruir con vistas
a poder observar los interiores del monasterio. Crear una maqueta que se
pudiera desarmar y transportar con facilidad.

Así dividió el monasterio en módulos, que luego combinados formaban todo el
conjunto. La mayor dificultad era que carecía de los planos del interior.

Para solucionar este problema el matrimonio se trasladó en diversas ocasiones
a Sta. María de Huerta, donde realizaron mediciones y tomaron fotografías.
-Medimos las alturas con tubitos de aluminio de un metro que se acoplaban
unos sobre otros-.

Evidentemente, en un primer momento los monjes les observaron con
escepticismo, pero finalmente les cogieron confianza, dándoles libertad para
moverse por casi todo el recinto.

Finalmente Alfonso Ruiz logró enseñar sus primeros módulos al abad del
monasterio, el hermano Isidoro. -Una persona muy agradable, por cierto, hoy
somos amigos, como hermanos.-  
















El abad le puso en contacto con el arquitecto y el aparejador de las reformas
del monasterio, que amablemente le facilitaron los planos de planta de la
iglesia.

Ya con la inestimable ayuda del monasterio, Alfonso Ruiz terminó esta
maqueta, pieza central de la exposición, "Por los Caminos del Cid".

Un trabajo que en total ha durado cerca de unas seis mil horas, sin contar
viajes, carpeta de obras, hojas a mano alzada...


La Hermita de San Baudelio

Los Caminos del Cid se irá ampliando con
reproducciones de otros lugares relacionados
con la vida de Rodrigo Díaz de Vivar. Alfonso
ha terminado la Hermita de San Baudelio de
Berlanga cuyo interior es extraíble.


El Castillo de Gormaz

Finalmente, éste artista está dando los últimos retoques al Castillo de Gormaz,
que aunque no es una maqueta tan impresionante como el Monasterio de
Santa María de Huerta, también es digna de examinarse detenidamente.








Este castillo, que perteneció al Cid allá por
el año 1094, ha sido completado gracias a
la cesión de los planos de su planta por parte
del Instituto del Patrimonio Histórico Español,
archivo de monumentos y arqueología.



                                                       
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