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Macrobiótica: Qué es y cómo se come

No hace falta ocuparse de la enfermedad, porque es inútil, ya que es
variable, y está siempre ahí.
Hace falta crear en el cuerpo humano el medio en el cual esta no
incube. George Oshawa

Las raíces de la palabra
macrobiótica, provienen
del griego, Macro=Grande,
y Bio=Vida. Lo que nos da
como resultado sin ningún
lugar a dudas, Gran Vida.

La mayor parte de la gente considera que la macrobiótica es una dieta
estricta basada en cereales, cuando en realidad es una práctica que no
se limita tan solo a la alimentación.

La macrobiótica es una forma de afrontar la vida, en armonía con la
naturaleza, de tal manera que los alimentos que ingerimos se
seleccionan en función de la estación del año, el clima, y el estado de
salud de cada persona.

Tenemos que agradecer a George Oshawa el trabajo que se tomó en
recuperar y extender este antiguo modo de vida y de alimentación.

Oshawa desarrolló la teoría del Principio Único, que habla de la armonía
de dos fuerzas antagónicas opuestas y complementarias: el Ying y el
Yang, y lo aplica en la elección de los alimentos, la manera de cocinarlos
y en la forma de vivir.

La macrobiótica toma la forma de una autogestión de la salud accesible
y eficaz, ya que está basada en la comprensión de las leyes de la
naturaleza. Según esto, deberíamos poder comer de todo, pero no en
cualquier circunstancia.

Nunca debemos iniciar una dieta macrobiótica a ciegas y mucho menos
sin conciencia y sin una firme decisión de cumplirla.

Alimentos Macrobióticos

La dieta macrobiótica está basada principalmente en la consumición de
cereales integrales. Aunque no sigamos una dieta, conviene incluir este
tipo de alimentos en nuestra comida cotidiana.

Estos cereales, arroz, cebada, mijo, maíz, trigo, ayudan a liberar de
acidez nuestro organismo lo que nos servirá para prevenir y evitar
diversas enfermedades.

Se pueden tomar hervidos, en guisos, sopas, con verduras, o en tartas,
bollitos y croquetas. Además es fundamental agregar a la dieta las frutas
y verduras correspondientes a la estación en la que nos hallemos.

En cuanto a las proteínas de origen animal, es muy aconsejable alternar
la carne de vacuno con el pollo y el pescado.

Es conveniente acompañar las carnes con verduras frescas o cocidas
para evitar ese exceso de acidez al que antes hacíamos referencia, así
que olvidaros de las patatas fritas.

Estas proteínas no deberían superar el 10% de nuestra dieta.

También conviene disminuir los productos lácteos, sustituyéndolos
equilibradamente por vegetales verdes y sésamo.






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